Capítulo 4enero 20, 2026
Edición y sorpresa

Faro:Caloura, Sao Miguel
La dinámica del taller en esta etapa era muy concreta: había una meeting room donde, a medida que las duplas avanzábamos con la edición, podíamos mostrar un rough cut y charlarlo tanto con Werner Herzog como con los compañeros. Varios amigos del taller expusieron sus cortes y se armaban conversaciones buenísimas, porque escuchar lecturas ajenas te ordena la cabeza y te obliga a tomar decisiones.
A nosotros nos pasó lo contrario: sentíamos que íbamos a necesitar hasta el último segundo. Teníamos solo dos días de edición y el objetivo que nos habíamos puesto era enorme para ese tiempo. La historia era compleja por la cantidad de locaciones y personajes, y porque la actuación tenía que sostenerse de verdad. Pero además había un problema más difícil todavía: el recurso narrativo de postproducción. No era solo “armar escenas”, era encontrar cómo contarla en el montaje para que tuviera una forma creativa, nueva, y que realmente funcionara. Sabíamos que el material era muy bueno, pero no dábamos con la manera de ordenarlo sin que se volviera algo obvio o plano.
En ese contexto, cuando llegó el momento de mostrar, Herzog vio nuestro material y al principio no lo entendió. Juan le mostró una secuencia de crudo seleccionada, como un paneo de imágenes y momentos, pero él quería algo más terminado, algo que ya se sintiera película. En un momento se estuvo por levantar e irse, y ahí Juan le pidió que por favor se quedara: que terminara de ver el material, y que además Nico tenía un corte de tres minutos y medio para mostrarle.
Se quedó. Vio unos diez minutos del crudo, y después vio ese corte de tres minutos y medio armado por Nico. Recién ahí entendió de verdad cuál era la idea, por qué insistíamos con que queríamos seguir filmando algunas cosas, y cuál era el corazón de la historia. En ese momento le cerró, le gustó, y para nosotros fue un alivio enorme. Igual, también fue una cachetada de realidad: como él mismo nos dijo, lo que estábamos intentando era complejo y el tiempo era ridículamente poco.
Para colmo, teníamos una idea que parecía imposible a esa altura: queríamos ir al puerto a filmar un barco llegando y empezar la película con eso. No lo habíamos podido meter en el plan de rodaje y, con la presión de la edición, era casi absurdo pensar en sumar una filmación nueva. Pero justo una compañera (Jill) nos invitó a tomar una cerveza para despejarnos un poco. Fuimos al puerto de Caloura, que quedaba a cinco minutos, y por las dudas nos llevamos los equipos.
Apenas llegamos vimos un barquito a lo lejos. No sabíamos si se iba o venía, pero ya estaba anocheciendo y eso nos hizo pensar que estaba volviendo. En cuestión de minutos confirmamos que sí: se estaba acercando. Armamos la cámara a las apuradas, montamos el trípode y filmamos el barco entrando al puerto. Y lo más increíble fue que no solo pudimos filmarlo desde tierra: también nos dejaron subirnos y filmar desde arriba del barco, algo que no esperábamos ni en el mejor escenario.
Así terminamos empezando la película con una escena que no habíamos logrado filmar en el rodaje y que apareció literalmente en el último momento, como un regalo. Y quedó marcado un contraste brutal: ese instante en que Herzog no entendía y parecía que no le gustaba nuestra historia fue, sin exagerar, uno de los momentos más tensos que vivimos. No se lo deseamos a nadie. Cuando finalmente entendió y le cerró, fue como volver a respirar —y seguir editando con otra energía, sabiendo que el camino, aunque dificilísimo, tenía sentido.
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