Capítulo 3enero 14, 2026
Guion y Rodaje

Faro:Sao Miguel - Azores
Estábamos buscando contar una historia de contrabando: dos pescadores llevando algo ilegal de un lado a otro. Sabíamos que ese tipo de historias existían en la isla, y ya teníamos decidido que queríamos trabajar con actores y hacer una ficción. Con esa idea, yo escribí un guion en base a lo que veníamos hablando.
El giro grande apareció cuando tuvimos la charla con Marc y Mariana (producción y casting de Extática Cine). Al contarles nuestra idea inicial, Mariana —que es de Azores— nos mostró una noticia que había salido el 11 de diciembre de 2025: hablaba de 182 niños que, durante décadas, fueron entregados/adoptados de forma clandestina a parejas estadounidenses vinculadas a la Base Aérea de Lajes. Ahí entendimos que lo que estábamos buscando —un contrabando “real”, oscuro y local— podía ser muchísimo más potente si el contrabando era, literalmente, un bebé. Y que ese hecho real podía transformarse en una ficción íntima, moderna y emocionalmente peligrosa.
De ahí nació la historia del protagonista: un hombre de 45 años que vive una vida cómoda y agradable en la isla. Tiene una buena posición social y económica, hace deporte, disfruta, cocina, está conociendo una pareja. Pero carga un vacío interno que no sabe explicar. Un día, leyendo esa noticia en el celular, empieza a atar cabos sueltos que siempre estuvieron ahí: no hay fotos suyas de bebé, hay silencios raros, detalles que no cierran. Se acuerda de una caja guardada en el garage con su partida de nacimiento y documentación, va, la busca, la abre… y entiende que es adoptado y que sus padres nunca se lo dijeron. Después, como forma de procesar y sanar, escribe un poema a partir de ese derrumbe.
Con el guion ya definido, pasamos al casting y a tomar decisiones prácticas. Según los actores disponibles, elegimos al protagonista, al americano (padre adoptivo), y al pescador. Y apareció una casualidad perfecta: el protagonista tenía una esposa que podía funcionar como la chica con la que él estaba saliendo en la historia, y además tenía un nene de tres años que era exactamente lo que necesitábamos para la escena clave. Con ese elenco armado, empezamos a construir el plan de rodaje.
Decidimos hacer tres o cuatro días de rodaje, que para el taller era un montón. Fueron días intensos, con una exigencia real de set. Trabajar con un nene de tres años nos complicó bastante: se metía, hacía ruido, alteraba el clima de las escenas con sonido. Y en la escena principal —cuando tenía que “actuar” de verdad— directamente no quiso: se enojó, lloró, y se volvió una situación muy difícil. Lo remontamos cuando yo, Juan, me puse a jugar con él y se descontracturó todo el set; recién ahí pudimos filmar la entrega del niño del pescador al americano, que era una de las escenas más importantes de la película.
El segundo día de rodaje tuvimos el honor de recibir a Werner Herzog y a Peter Zeitlinger, el director de fotografía y colaborador habitual de Herzog. 
Ese momento nos subió la vara en tiempo real: no desde el discurso, sino desde el simple hecho de estar filmando, ahí, con el set armado, sosteniendo decisiones, resolviendo problemas, y sabiendo que cada plano tenía que justificar su existencia.
También hubo cosas muy buenas que nos favorecieron: nuestro actor tenía la locación perfecta para lo que necesitábamos. Y además practicaba pesca submarina con arpón, lo cual sumaba una textura visual y un mundo físico que calzaba con la estética que queríamos. Nosotros habíamos llevado lentes anamórficos y estábamos buscando una imagen moderna y elegante, con buena fotografía, aprovechando la oportunidad de practicar en serio y trabajar con actores en una ficción clásica, sin excusas.
Por suerte, el rodaje salió bastante bien dentro de todo: con caos, con cansancio, con momentos de tensión real, pero con material fuerte. Y desde ahí arrancó el proceso de postproducción.
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